domingo, 7 de abril de 2013

DÍA DE LA MEMORIA POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA



Algunas personas piensan que de las cosas malas y tristes es mejor olvidarse. Otras personas creemos que recordar es bueno; que hay cosas malas y tristes que no van a volver a suceder precisamente por eso, porque nos acordamos de ellas, porque no las echamos fuera de nuestra memoria.

Es el caso de la historia que vamos a contar aquí, algo que pasó en nuestro país hace muchos años, exactamente 37 años atrás, cuando todos éramos más jóvenes y muchos de los que están escuchando estas palabras ni siquiera habían nacido. Algo tan malo, tan triste, tan espantoso, que es preciso contarlo una y otra vez para que no vuelva a suceder nunca más.

No es una historia fácil de contar justamente por eso, porque nosotros mismos fuimos protagonistas, porque lo que pasó nos pasó a nosotros y no a otras personas, porque son cosas que vimos con nuestros ojos, que vivimos en nuestro cuerpo. El 24 de marzo de cada año recordamos el comienzo de la dictadura cívico-militar que gobernó a nuestro país entre 1976 y 1983. Como consecuencia del golpe de estado del 24 de marzo de 1976, que derrocó el gobierno constitucional de la presidenta María Estela Martínez de Perón se instaló en su lugar a una junta militar encabezada por los comandantes de las tres Fuerzas Armadas, quienes llevaron a cabo una acción represiva en la línea del terrorismo de Estado coordinada con las demás dictaduras instaladas en los países de Latinoamericanos mediante el llamado Plan Cóndor. Dicho proyecto contó con el apoyo de los principales medios de comunicación privados, e influyentes grupos del poder civil, la protección inicial del gobierno de los Estados Unidos y la pasividad de la comunidad Internacional.

Durante el régimen militar no sólo se trató de disciplinar con el objetivo de conseguir la obediencia para la imposición del plan de entrega y destrucción económica. Además se trató de eliminar todo tipo de oposición, secuestrando, torturando y haciendo desaparecer personas e ideas. Así fue como la dictadura utilizó el aparato del Estado para actuar sobre dos planos: los sujetos considerados políticamente “peligrosos” y sobre el plano cultural/educativo para lograr inculcar disciplina en todo el cuerpo social mediante el temor.

A modo de cierre  puedo decir que la dictadura militar representa un hiato histórico  y se inscribe en la memoria colectiva como una ruptura con lo anterior. A la luz de nuestro presente resultó un intento inútil de suspender la historia, de aniquilar ideas y creencias, de clausurar el proyecto transformador de un pueblo y de una generación de jóvenes que se animaron a soñar con un país para todos.

Por el país que queremos construir los adultos y los niños, que estamos trabajando y estudiando en este lugar, creemos que es preciso contarlo una y otra vez, para que no vuelva a suceder nunca más.

Extraído de Uempé, 50 años. Historia del Sindicalismo Docente Porteño. Tomo I (1957-1992)
Montes, Graciela. -- El golpe y los chicos. – Buenos Aires : Gramón- Colihue libros. --  c.1996. 

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